Cómo gestionar el riesgo al invertir en startups: cinco claves para construir una cartera más sólida
Una guía práctica para entender qué riesgos se están asumiendo, evitar concentraciones excesivas y mantener exposición a las compañías capaces de generar retornos extraordinarios.
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muchas de las hipótesis fundamentales de una compañía todavía deben demostrarse: la aceptación del
producto, la capacidad para captar clientes, la escalabilidad de la tecnología, la estabilidad del
equipo o el acceso a futuras rondas de financiación.
La gestión del riesgo no consiste en encontrar startups sin incertidumbre. Su objetivo es comprender
qué riesgos se están asumiendo, evitar que una sola operación condicione toda la cartera y mantener
suficiente exposición a las compañías capaces de generar retornos extraordinarios.
Una buena startup puede convertirse en una mala inversión si concentra demasiado capital, exige más financiación de la prevista o introduce riesgos ya presentes en otras participadas.
Esta perspectiva obliga a mirar más allá de cada inversión individual. Estas son cinco claves para
abordar la inversión early-stage de forma más estructurada.
Definir la estrategia antes del primer ticket
Uno de los errores más frecuentes entre los inversores que empiezan es decidir operación a operación.
Aparece una oportunidad atractiva, se fija un ticket y solo después se analiza cómo encaja dentro del
patrimonio y de la cartera.
Una estrategia más disciplinada comienza en el orden contrario. Antes de estudiar compañías concretas,
conviene definir:
- Cuánto capital total se destinará a startups.
- Durante cuánto tiempo se desplegará.
- Cuántas participadas se pretende incorporar.
- Qué exposición máxima se aceptará por empresa.
- Qué parte se reservará para futuras rondas.
- Qué sectores, fases o modelos se priorizarán.
No se trata de crear reglas rígidas, sino de evitar que cada nueva oportunidad modifique la estrategia.
El tamaño del ticket no debería depender únicamente de cuánto solicita la startup o de cuánto aportan
otros inversores. También debe responder a una pregunta más amplia:
Analizar distintos tipos de riesgo
El análisis de una startup suele centrarse en el equipo, el mercado, el producto y el modelo de negocio.
Son dimensiones fundamentales, pero no las únicas.
El equipo puede ser sólido y, aun así, depender excesivamente de una persona. El mercado puede ser grande,
pero difícil de alcanzar. La tecnología puede funcionar en un piloto y no estar preparada para operar a escala.
También deben considerarse otros riesgos:
- Financieros: burn rate, runway y estructura de costes.
- De financiación: necesidad de captar nuevas rondas.
- Regulatorios: licencias, autorizaciones o cambios normativos.
- Societarios: cap table, pactos previos y alineación de socios.
- De gobierno: calidad del reporting y capacidad para detectar desviaciones.
- De salida: existencia de compradores potenciales y horizonte de liquidez.
No todos los riesgos tienen la misma importancia. La clave es identificar cuáles podrían comprometer
realmente el proyecto y qué señales permitirían detectarlos a tiempo.
Diversificar sin invertir indiscriminadamente
Los retornos de la inversión en startups suelen estar muy concentrados: muchas operaciones pueden devolver
poco o ningún capital, mientras que una minoría genera una parte sustancial del resultado de la cartera.
Por eso, seleccionar buenas compañías no es suficiente. También importa cómo se distribuye el capital.
Una cartera puede diversificarse por:
- Número de participadas.
- Sector.
- Modelo de negocio.
- Fase.
- Geografía.
- Intensidad de capital.
- Dependencia regulatoria.
- Momento de inversión.
Diversificar no significa invertir en proyectos que no se comprenden. Un inversor puede mantener una
especialización sectorial y, al mismo tiempo, distribuir su exposición entre diferentes modelos y fuentes de riesgo.
Tampoco existe un número universal de startups que garantice una cartera adecuada. Dependerá del capital
disponible, el tamaño de los tickets, la calidad del dealflow y la capacidad de seguimiento.
Lo importante es evitar dos extremos: concentrar excesivamente el capital en pocas compañías o acumular
operaciones sin suficiente criterio.
Planificar los follow-ons desde el inicio
La ronda inicial rara vez será la última. Muchas startups necesitarán captar nuevo capital para completar
su desarrollo, crecer o alcanzar la rentabilidad.
Mantener una reserva permite acompañar a las participadas que evolucionan favorablemente y reducir la dilución. Pero reinvertir no debe ser automático.
Antes de realizar un follow-on conviene revisar:
- Si la empresa ha alcanzado los hitos previstos.
- Si ha reducido riesgos relevantes.
- Si la nueva ronda genera suficiente runway.
- Si la valoración continúa siendo razonable.
- Si el equipo se ha fortalecido.
- Si las necesidades futuras de capital son asumibles.
La pregunta más reveladora suele ser:
Esta reflexión ayuda a evitar la escalada del compromiso: seguir aportando capital únicamente para no reconocer que la tesis inicial se ha debilitado.
Entender la due diligence y el seguimiento como procesos continuos
La due diligence no debería utilizarse para confirmar una decisión ya tomada. Su función es contrastar la tesis
de inversión e identificar los motivos por los que podría estar equivocada.
En fases tempranas no siempre existirán históricos amplios, pero sí pueden comprobarse muchas de las afirmaciones principales:
- Hablar con clientes.
- Revisar contratos.
- Analizar competidores.
- Contrastar métricas.
- Verificar la propiedad intelectual.
- Consultar a expertos técnicos o regulatorios.
La profundidad del análisis debe ser proporcional a la fase, al ticket y a la complejidad del proyecto.
Además, la gestión del riesgo continúa después de invertir. El seguimiento debería permitir conocer periódicamente la posición de caja, el runway, la evolución comercial, las desviaciones presupuestarias y la previsión de la siguiente ronda.
El objetivo no es sustituir al equipo fundador, sino detectar problemas cuando todavía existe margen para actuar.
También conviene diferenciar el valor estimado de una participación del retorno realmente obtenido. Una ronda a una valoración superior puede aumentar el valor teórico de la cartera, pero no genera liquidez ni garantiza una futura salida.
De la intuición a un proceso de inversión
Invertir en startups siempre implicará incertidumbre. Gestionarla no significa eliminarla, sino asumirla
de manera consciente y estructurada.
En la práctica, una estrategia disciplinada comienza por cinco decisiones:
- Definir cuánto capital puede arriesgarse.
- Analizar los principales riesgos de cada oportunidad.
- Diversificar sin perder criterio.
- Reservar capital y establecer reglas para follow-ons.
- Realizar una due diligence y un seguimiento consistentes.
Las redes y foros de inversión pueden ayudar a ampliar el dealflow, comparar oportunidades y compartir conocimientos durante el análisis. No eliminan, sin embargo, la responsabilidad individual del inversor.
El principal activo de un business angel, un family office o un pequeño vehículo no es únicamente su capital. También es la calidad de su proceso de decisión.
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Este artículo ofrece una primera aproximación. El Playbook de gestión de riesgos en la inversión en startups, elaborado por Keiretsu Forum Spain, desarrolla estas cuestiones con mayor profundidad e incluye herramientas prácticas para aplicarlas:
- Plantilla de política de inversión.
- Matriz de riesgos por startup.
- Checklist de due diligence.
- Caso práctico de construcción de cartera.
- Árbol de decisión para follow-ons.
- Ficha de seguimiento de participadas.
- Herramientas para identificar sesgos.
- Checklist final antes de invertir.